Jordi Évole, fenómeno televisivo

A la gente le gusta tomar el todo por la parte. Jordi Évole ha conseguido algunas buenas entrevistas y denunciar situaciones, el individuo tiene una gran habilidad, pues consigue sacar declaraciones comprometidas, cuando sus colegas sólo consiguen que les manden a tomar por donde amargan los pepinos (como le pasó a Luis del Olmo con Santiago Carrillo).

Ahora bien, las luces suelen ir acompañadas de sombras. Es como el día y la noche, no suele existir el uno sin el otro. Los trabajos audiovisuales de Évole no están exentos de sus sombras. Sus reportajes están, por ejemplo, enfocados hacia temas o personajes que interesen a la audiencia, pero siempre de una manera polarizada. Es decir, que no buscan sus documentos una “visión neutra” o arrojar luz sobre un tema, sino persuadir al espectador de aquello que ellos (Jordi Évole y su equipo) piensan. En ese proceso necesario, de selección y descarte de información, Jordi es complaciente con los suyos (como lo fue sentado en el sofá de la abuela de Artur Mas), y crítico con los otros. Por ejemplo, suele recurrir a Valencia para señalar lo malo (que por supuesto lo hay), utilizando información sesgada, basada en opiniones o testimonios sin contrastar, como cuando dio a entender que La Ciudad de las Artes y las Ciencias era un proyecto del Partido Popular o que Mercadona era el único supermercado que prefería tirar la comida antes de donarla a organizaciones benéficas. Información falsa y fácilmente contrastable, pero que desvirtuaría la intención de su autor. En ese mismo programa sobre alimentación, en el que dio a entender que Mercadona era una empresa perversa y despiadada, se marchó a Tarragona cuando quiso hablar de naranjas, con una actitud totalmente diferente, pero esto se entiende porque en Valencia no hay naranjas, ¿no? Lo bueno es para Cataluña, y a Valencia a sacar siempre las vergüenzas. También utiliza un formato demasiado corto, en el que no suele recoger el problema o asunto con el suficiente rigor y puntos de vista. Sin embargo, como casi no hay periodismo de investigación la gente le aplaude con las orejas. Todo lo dicho no quita para siga considerando a Évole, con su programa “Salvados”, un personaje muy atractivo, y hasta necesario en el panorama actual, pero creo que se ensalza al personaje de forma desproporcionada por muy fenómeno televisivo que sea. Al pan, pan, y al vino, vino.

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