Una de puñetazos

No soy, obviamente, partidario de ver la televisión sin criterio. De hecho, hoy en día, creo que es mejor abastecerse selectivamente de material audiovisual en la red, para luego visionarlo tranquilamente. O, para qué engañarnos, creo que emplearemos mejor el tiempo cogiendo un buen libro. Hay tanto por leer… Pero, al mismo tiempo, reconozco el papel educador de la caja tonta. No el de la televisión que se puede ver hoy en España, salvo excepciones. Pero, sí considero que hubo un buen modelo de televisión en mi infancia. No se trata de nostalgia. Simplemente, eran otros tiempos, y las cosas funcionaban de otra manera. Siento, tengo que confesar, verdadera envidia de como funciona, por ejemplo, la televisión en Reino Unido. Y no sólo por la calidad de los contenidos, sino más bien en lo referente a la clasificación de éstos y su regulación.

Hace unos meses falleció quién para mí, entrañaba un ejemplo por lo valores que representó. Carlo Pedersoli fue 7 veces consecutivas campeón de Italia de 100 metros libres, y representó a su país en los Juegos Olímpicos de Helsinki (1952), Melbourne (1956) y Roma (1960). Después fue actor, guionista, director, compositor y empresario. Un gigante italiano de mirada bonachona, que con sólo escuchar su nombre se me dibuja una sonrisa en la cara. Sobretodo, si lo hace en compañía de Mario Girotti. O lo que es lo mismo, escuchar los nombres artísticos Bud Spencer y Terence Hill.

Estos dos italianos, de Nápoles y de Venecia (respectivamente) fueron, para algunos de mi generación, más que una forma divertida de compartir un rato en familia. En realidad, como si se tratara de una subtrama, estaban siempre presentes unos valores, una moraleja… Supongo que es fácil renegar de unos valores. En especial, ahora que es tan importante para esta sociedad “desaprender lo aprendido”, y ver las películas de Bud Spencer y Terence Hill, como una forma de entretenimiento burda y vacía. Al final, cada uno tiene su cerebro compuesto de infinidad de pequeñas piezas. Piezas que forman el puzzle de nuestra memoria, y estas películas forman parte de la mía.

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Almodóvar, buen marketing y poco cine

Parece que cuando alguien ha alcanzado el éxito, el resto de la especie estamos obligados a ver visos de genialidad hasta en la forma en la que se limpia el trasero, como si tratara del último traje del Emperador Desnudo.

Y esto es lo que está sucediendo, en mi opinión, con el Almodóvar de los últimos tiempos. Alguien que busca desesperadamente el morbo en la sección de sucesos del periódico, para con su genial talento, obsequiar al mundo con otra obra maestra de travestismo y zoofilia.

Ignoro los datos (no me quitan el sueño), pero no me parecería extraño que el personaje estuviera perdiendo el interés de no sólo los que aprecian el buen cine. De todas formas, supongo que es una cuestión de gustos. A mí Almodóvar siempre me ha parecido un hortera presumido. Aficionado a chillones decorados y vestimentas. Y que ha abusado de temas morbosos, para él y otros cuantos. Pero no es menos cierto, que soy yo quien está escribiendo sobre él y no al revés. Por lo que debo reconocer que el personaje sabe excitar las emociones de algunos organismos pluricelulares. ¿Estamos ante un genio? Pues sin duda, creo que se necesita cierto talento para arrastrar al cine, cual borregos, a un montón de gente positiva e ilusionada para ver “una de Almodóvar”… yo considero más entretenido quedarme en casa viendo los dibujos del estucado de la pared.

Me resultó gracioso escuchar las declaraciones de algunos actores de su última estocada cinematográfica, “Los Amantes Pasajeros”, respondiendo que se habían divertido al participar en la película. Sin duda, parece que trataban de encontrar algo positivo ante semejante desperdicio de tiempo y dinero. Como cuando chafas una mierda y dices: dicen que trae buena suerte, ¿no?

– Claro, mucha.

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El famélico Cine Español

España goza en su haber de algunas obras altamente recomendables para los aficionados al buen cine e imprescindibles para aquellos guionistas, directores o montadores con un mínimo de cultura en la materia. Aunque por lo general, el cine español es un cine mediocre en el que abundan las películas grotescas, con malas interpretaciones, diálogos explicativos y, en general, carencia de verosimilitud. Rebuscando a lo largo de la historia del cine español se pueden encontrar, sin embargo, cintas muy interesantes. Con frecuencia modestas aportaciones en cuanto a producción cinematográfica se refiere, y recomendables por su sencillez, honestidad y calidad narrativa. Tal es el caso de Furtivos de mi admirado José Luis Borau o ¿Qué he hecho yo para merecer esto? del sobrevalorado Pedro Almodóvar (por citar dos ejemplos que me vienen a la mente). Pero sin duda Berlanga y Buñuel son los principales representantes del cine patrio por su prolífica y substancial aportación al mismo. Ambos son poseedores de esa forma de ver el mundo bajo un prisma elaborado y sutil, capaces de analizar y plasmar la realidad con esa cosquilleante ironía mediterránea.

El problema del cine español actual es que cuando se marchó el talento, llegaron las subvenciones. Es decir, que a la salud de todos los españoles se financian una selección de proyectos que llevan la “v”, de visto, de nuestros políticos. Lo cual a mi juicio además de injusto y contrario a la libre competencia e igualdad de oportunidades, sólo favorece al cine amigo del poder y, de manera general, al clientelismo. La creatividad y el talento van por otros cauces. Aunque no niego que en la medida en que países como  EEUU o Francia (grandes productores de cine) emplean mecanismos de promoción y protección, es razonable aplicar también en el cine español algunos mecanismos en función de una lógica reciprocidad. Pero la base de todo proyecto cinematográfico (o de cualquier otra industria) debería ser en esencia que el producto que se ofrece merece la pena, y no depender de subvenciones o contactos políticos para que unos proyectos primen sobre otros.

El cine que debería proliferar, a mi juicio, es aquel en el cual la historia que se pretende contar es interesante porque ilustra con talento una realidad, la parodia o nos adentra en una realidad ficticia sugerente. En definitiva, ¿la historia que se pretende contar tiene un notable interés? O no teniéndolo a prori, ¿está contada de forma tal que el resultado final lo sea, porque la creatividad y el ingenio se han puesto al servicio del modo en cómo se cuenta esa historia?

 

Superagente 86

En un primer momento pensé que la decadencia del cine de Hollywood se debía simple y llanamente a la falta de ideas de sus creativos. Bueno, más que un pensamiento fue un destello inmediatamente reemplazado por una sonrisa. Lo cierto es que se trata de una cuestión de riesgo. En concreto de controlar el riesgo. Las grandes mayors norteamericanas se han dado cuenta de que coger un guión original y llevarlo a la gran pantalla puede ser muy éxitoso, pero si no funciona se puede convertir en un quebradero de cabeza. Así que el concepto es sencillo. Se parte de una obra que cosechó cierto éxito para sacar un producto similar ensalzado por una agresiva campaña publicitaria. Así, en lugar de preocuparse por la calidad del cine que producen se pueden centrar en lo que realmente les interesa. Pero, para lograrlo hay que tener el fin en mente. Y es que para amasar una gran fortuna no hace falta un talento especial o una gran suerte, si no tener claro como lograrlo y ser muy disciplinado.
Las fórmulas empleadas para mantener la máquina de churros (perdón, la industria norteamericana del cine) funcionando y engrasada suele consistir en: adaptaciones de series de TV, adaptaciones de cómic, adaptaciones de videojuegos, remakes de películas extranjeras, remakes de películas norteamericanas (algunas a su vez remakes de otras películas extranjeras)…
Reunión en la Warner.Mr. Rothschild
¿Cómo va todo?

Mr. Krefetz
Bien, aunque el estudio no va a estar al 100% hasta la semana que viene.

Mr. Rothschild
¿Y, eso… ya terminásteis… ¿cómo se llamaba…

Mr. Krefetz
Speed Racer. Sí, el viernes empiezan a montar.

Mr. Rothschild

¡Fántastico! Antes de lo previsto.

Mr. Krefetz
Sí, no es más que una película para niños.

Mr. Rothschild

¡Muy bien! Ahora tenemos que…Mr. Krefetz
(Interrumpiendo)
Ya estamos en ello, señor.

Mr. Rothschild
¡Fantástico! ¿Y de qué se trata?

Mr. Krefetz
Superagente 86.

Mr. Rothschild
Una adaptación. Me gusta. Contaremos con la gente que veía la serie, en su día, y…

Mr. Krefetz
(Interrumpiendo)
Para captar al público más joven ya estamos trabajando en una campaña de publicidad que tendrá como guinda unos trailers con algunos gags manidos, de los que siempre funcionan.

Mr. Rothschild
Me dejas sin palabras, como siempre: ¡Brillante!