El famélico Cine Español

España goza en su haber de algunas obras altamente recomendables para los aficionados al buen cine e imprescindibles para aquellos guionistas, directores o montadores con un mínimo de cultura en la materia. Aunque por lo general, el cine español es un cine mediocre en el que abundan las películas grotescas, con malas interpretaciones, diálogos explicativos y, en general, carencia de verosimilitud. Rebuscando a lo largo de la historia del cine español se pueden encontrar, sin embargo, cintas muy interesantes. Con frecuencia modestas aportaciones en cuanto a producción cinematográfica se refiere, y recomendables por su sencillez, honestidad y calidad narrativa. Tal es el caso de Furtivos de mi admirado José Luis Borau o ¿Qué he hecho yo para merecer esto? del sobrevalorado Pedro Almodóvar (por citar dos ejemplos que me vienen a la mente). Pero sin duda Berlanga y Buñuel son los principales representantes del cine patrio por su prolífica y substancial aportación al mismo. Ambos son poseedores de esa forma de ver el mundo bajo un prisma elaborado y sutil, capaces de analizar y plasmar la realidad con esa cosquilleante ironía mediterránea.

El problema del cine español actual es que cuando se marchó el talento, llegaron las subvenciones. Es decir, que a la salud de todos los españoles se financian una selección de proyectos que llevan la “v”, de visto, de nuestros políticos. Lo cual a mi juicio además de injusto y contrario a la libre competencia e igualdad de oportunidades, sólo favorece al cine amigo del poder y, de manera general, al clientelismo. La creatividad y el talento van por otros cauces. Aunque no niego que en la medida en que países como  EEUU o Francia (grandes productores de cine) emplean mecanismos de promoción y protección, es razonable aplicar también en el cine español algunos mecanismos en función de una lógica reciprocidad. Pero la base de todo proyecto cinematográfico (o de cualquier otra industria) debería ser en esencia que el producto que se ofrece merece la pena, y no depender de subvenciones o contactos políticos para que unos proyectos primen sobre otros.

El cine que debería proliferar, a mi juicio, es aquel en el cual la historia que se pretende contar es interesante porque ilustra con talento una realidad, la parodia o nos adentra en una realidad ficticia sugerente. En definitiva, ¿la historia que se pretende contar tiene un notable interés? O no teniéndolo a prori, ¿está contada de forma tal que el resultado final lo sea, porque la creatividad y el ingenio se han puesto al servicio del modo en cómo se cuenta esa historia?

 

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Un pensamiento en “El famélico Cine Español

  1. El problema bajo mi punto de vista, radica en que el cine se ha tratado igual que cualquier otra profesión funcionaria en España. Es decir, los puestos se copan y desde ese momento, no se abandonan ni con aceite hirviendo. Eso provoca que posibles talentos no lleguen a realizar proyecto alguno salvo que manifiesten su amor por algún padrino que los introduzca en esta copada industria. Tenemos sangrantes ejemplos de gente con talento como Enrique Urbizu (practicamente tachado de la lista), Jaume Collet Serra (relegado al cine comercial estadounidense) o en menor medida Jose Luis Garci, que pese a contar con una gran capacidad de entretener, no cuentan con el mismo apoyo por parte del sectorizado cine español, y su cine tiene poca repercusión pero una media de calidad muy superior a la acostumbrada por el cine patrio.

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