Menos es Más

Como parte de mis estudios empresariales tuve la enriquecedora experiencia de estudiar, durante los meses de julio y agosto, en un campus universitario del Estado de Nueva York.
Estados Unidos es un país de contrastes. Para algunos temas están en la prehistoria, y en otros demuestran una capacidad de organización y cuidado por el detalle, que despierta mi admiración. Estoy hablando de EEUU en el año 1996.
De todos los profesores que tuve, el que más llamó mi atención, fue el de Business Communication. Para mí era sorprendente ver la misma preocupación en el contenido en sí, que en que el mismo fuera asimilado por sus estudiantes. Y cuando se truncaba la comunicación, él se detenía hasta que la misma era restablecida. El segundo día de clase recuerdo que dos compañeros empezaron a hablar en voz baja, la conversación era un murmullo que no tardó en detectar el profesor, y acto seguido se tiro al suelo y empezó a rodar por el mismo, recuperando rápidamente la atención de todos, mientras cortaba de raíz la conversación de los compañeros. Eso es lo que yo llamo interactividad en estado puro.
Un viernes el profesor nos encargó un trabajo de síntesis periodística. Debíamos resumir al máximo los principales puntos, de un tema de nuestro interés, que encontráramos en un artículo de periódico. A mí me pareció captar a la perfección lo que había escuchado en clase. Sin embargo, a la vuelta del fin de semana, cuando mis compañeros empezaron a dejar los trabajos encima de la mesa del profesor, mis constantes vitales se alteraron considerablemente.
Todos depositaban sus dossiers encuadernados y se marchaban a sus respectivos pupitres.
Yo, sin embargo, había ido a clase con un trozo de periódico recortado, aproximadamente un tamaño A5, sobre el que había hecho algunas anotaciones. Es decir, mi pedacito de periódico con anotaciones manuales era mi trabajo. No había más. Hubiera querido replantear mi trabajo en ese momento. Pero, como ya no había tiempo, ni capacidad de maniobra, decidí presentar lo que tenía. Debido a mis dudas fui el último en colocar mi trabajo, aunque no lo coloqué encima del resto de mis compañeros, si no entremedio de éstos. Así que… ya estaba hecho. No había vuelta atrás.
Cuando el profesor pronunció, como pudo, mi nombre, creo que resbalé mi trasero sobre la silla, quedando casi oculto a su alcance visual. Pero, la sorpresa, fue que cuando el profesor anunció mi nota: “A+”. Fue la nota más alta de la clase (y la más alta según su sistema de puntuación). Y, en realidad, lo único que había hecho era escuchar y entender al profesor. Me pareció tan simple y tan gratificante. Toda la ecuación era esa. Menos es Más.

 

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