Menos es Más

Las aguas están revueltas. Hay empresas que desaparecen porque no tienen unos cimientos sólidos. Otras porque están especializadas en un producto o servicio cuyo ciclo de vida ha concluido. Otras, porque recortan tanto los gastos variables que terminan frenando la actividad de la empresa. Y, bueno, casos de todo tipo, claro. Pero, lógicamente también los hay audaces que saben moverse con convicción y emerger, o fortalecer su posición, en el mercado. ¿Qué cómo es posible qué unos lo vean tan claro y otros no sean capaces de diferenciar el trigo de la paja? Quizás, porque hay demasiados elementos que nos distraen de lo realmente importante. Quizás, porque nos hemos acostumbrado a hacer las cosas de una manera y ahora formamos parte del problema. Porque carecemos de la perspectiva necesaria para ver que nos estamos equivocando. A veces, las cosas no son tan complicadas si sabemos ceñirnos a lo que es fundamental. 
Me gustaría contar una anécdota personal como ejemplo para ilustrar lo que escribo.
Como parte de mis estudios empresariales tuve la enriquecedora experiencia de estudiar durante 2 meses de verano en un campus universitario del estado de Nueva York. Allí tuve la suerte de tener a un profesor de Business Communication sensacional. Cuando este hombre hablaba se producía una auténtica y completa interacción entre él y cada uno de nosotros (o al menos eso pensé yo). Era sorprendente ver la misma preocupación en el contenido en sí, que en que el mismo fuera recibido y asentido por los estudiantes. Y cuando se truncaba la comunicación, él se detenía hasta que la misma era restablecida. El segundo día de clase recuerdo que dos compañeros empezaron a hablar en voz baja y nuestro profesor de comunicación empezó a rodar por el suelo recuperando rápidamente la atención de todos y cortando de raíz la conversación de los compañeros. Eso era interactividad es estado puro.
Ese mismo profesor nos encargo un trabajo de síntesis periodística. Debíamos resumir al máximo los principales puntos de un tema de nuestro interés que encontráramos en un artículo de periódico. A mí me pareció captar a la perfección lo que había escuchado en clase. Sin embargo, a la semana siguiente cuando mis compañeros empezaron a dejar los trabajos encuadernados encima de la mesa del profesor, mis constantes vitales se alteraron considerablemente. 
Yo había ido a clase con un trozo de periódico recortado aproximadamente de un tamaño A5, sobre el que había hecho algunas anotaciones. Es decir mi pedacito de periódico con anotaciones manuales era mi trabajo. Tras analizar la situación vi que no tenía otra alternativa mejor, y decidí presentar lo que tenía. Debido a mis dudas fui el último en colocar mi trabajo, aunque no lo coloqué encima del resto de mis compañeros, si no entremedio de éstos. Así es que… ya estaba hecho. No había vuelta atrás. 
Cuando el profesor pronunció, como pudo, mi nombre, creo que resbalé mi trasero sobre la silla quedando casi oculto a su alcance visual. Pero, la sorpresa, fue que cuando el profesor anunció mi nota: “A+”. Fue la nota más alta de la clase (y la más alta según su sistema de puntuación). Y, en realidad, lo único que había hecho era escuchar y entender al profesor. Me pareció tan simple y tan gratificante. Toda la ecuación era esa. Menos es Más. 

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